Desde 1958, los 30 de julio son fechas especiales por aquí porque celebramos la amistad.
Unos días antes ya se percibe el ambiente festivo con “Los amigos invisibles”: un juego donde los participantes (grupo de amigos, compañeros de trabajo, de estudio) escogen al azar de un recipiente, donde son colocados los nombres de todos (escritos en trozos de papel individuales que solo pueden ser leídos por la persona que lo escogió) a su nuevo amigo invisible de ese año. Este amigo permanece en secreto hasta el 30 de julio. Antes de que el secreto sea develado se aprovechan todas las oportunidades para enviar al amigo invisible mensajes y pequeños obsequios, conducentes a confundirlo respecto a nuestra identidad.
El 30 de julio se prepara un almuerzo, una merienda o una cena para compartir y festejar con los amigos y conocer las identidades de los amigos invisibles, siendo este el momento central de la reunión, donde por turnos cada persona va detallando las características que identifican y hacen único a su amigo invisible, para luego entregarle un obsequio.
También, el mismo día se acostumbra saludar deseando un feliz día a las personas con las que te encuentras, sean conocidas o no.
El Dr. Artemio Bracho, fundador de la Cruzada Mundial de la Amistad, desde la ciudad de Puerto Pinasco, departamento de Presidente Hayes, hizo posible que desde 1958 todos los 30 de julio, los paraguayos celebremos la amistad, y más aún la ONU, reunida en sesión plenaria del 3 de mayo de 2011, aprobó con el consenso de 192 Estados miembros el proyecto de Resolución A/65/L.72, por el cual se establece el 30 de julio como “Día Internacional de la Amistad”, iniciativa impulsada por la delegación del Paraguay.
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